Fibrilación auricular: por qué importa aunque no se sienta

Persona mayor comprobando si su pulso es regular o irregular

En la fibrilación auricular las aurículas dejan de contraerse de forma coordinada y tiemblan. El pulso se vuelve irregular, sin ningún patrón, y la sangre se estanca en zonas donde puede formar coágulos. Es la arritmia sostenida más frecuente y la que más consecuencias tiene a largo plazo.

Qué está pasando adentro

En un corazón normal, cada latido empieza con un impulso único que hace contraer las aurículas y empuja la sangre hacia los ventrículos. En la fibrilación auricular ese orden se pierde: cientos de impulsos desorganizados recorren las aurículas por minuto, que ya no se contraen sino que vibran.

Los ventrículos reciben esos impulsos de forma caótica, y de ahí sale el rasgo característico del pulso: irregular, sin ritmo, con latidos que se agolpan y pausas que aparecen sin lógica. Es una arritmia que se puede sospechar solo con la mano en la muñeca, algo que no ocurre con casi ninguna otra. Su contexto dentro de los trastornos del ritmo está en arritmias del corazón.

Las tres formas en que se presenta

Paroxística. Aparece en episodios que empiezan y terminan solos, en horas o pocos días. Entre episodio y episodio el ritmo es normal, y por eso es la más difícil de documentar.

Persistente. Se mantiene más de una semana y necesita una intervención médica para volver al ritmo normal.

Permanente. Se acepta como el ritmo de base del paciente, y el tratamiento se concentra en controlar la frecuencia y prevenir complicaciones.

Estas categorías no son etapas obligatorias, pero sí describen un curso frecuente: muchos pacientes empiezan con episodios aislados y con los años pasan a formas más sostenidas.

Qué se siente, y por qué a veces no se siente nada

Cuando da síntomas, lo habitual son palpitaciones irregulares, cansancio desproporcionado, falta de aire con esfuerzos que antes no costaban, mareo y una sensación difusa de malestar.

Pero una parte importante de los casos es silenciosa. La persona se adapta a la irregularidad y deja de percibirla, o nunca la percibió. Esas fibrilaciones se descubren en un examen de rutina, al tomar el pulso, en un chequeo prequirúrgico, o directamente después de un accidente cerebrovascular, que es la peor forma de enterarse.

Ese es el motivo por el que un pulso irregular hallado por casualidad nunca se deja pasar, aunque el paciente esté perfecto.

El riesgo que define el tratamiento

Cuando las aurículas dejan de contraerse, la sangre se mueve con lentitud en algunos rincones, sobre todo en una pequeña bolsa de la aurícula izquierda. Ahí puede formarse un coágulo. Si ese coágulo se desprende, viaja por la circulación y se detiene en una arteria del cerebro, produce un accidente cerebrovascular.

Los accidentes cerebrovasculares asociados a fibrilación auricular tienden a ser más extensos y dejar más secuelas que los de otras causas. Y son, en gran medida, prevenibles: por eso la decisión más importante de esta enfermedad no es cómo controlar el pulso, sino si corresponde anticoagular.

Esa decisión no se toma por impresión. Se calcula con una escala que suma puntos por edad, sexo, presión alta, diabetes, insuficiencia cardíaca, enfermedad vascular y accidentes previos. El resultado indica si el beneficio de anticoagular supera al riesgo de sangrado. Es una de las decisiones médicas con evidencia más sólida, y también una de las que más se posterga por miedo.

El otro riesgo: el corazón que se cansa

Una fibrilación con frecuencia alta mantenida durante meses desgasta el músculo. El corazón pierde fuerza de bombeo y aparece un cuadro de insuficiencia cardíaca que suele revertir cuando se controla la frecuencia.

Además, la ausencia de contracción auricular hace que el corazón pierda alrededor de una quinta parte de su rendimiento. En una persona sana eso pasa desapercibido; en alguien con el corazón ya comprometido, puede ser la diferencia entre estar bien y descompensarse.

Persona mayor comprobando si su pulso es regular o irregular

Qué la produce

La edad es el factor más constante: la prevalencia sube de forma marcada después de los sesenta y cinco años. A eso se suman la presión alta sostenida, las enfermedades de las válvulas, la insuficiencia cardíaca, la diabetes, el hipertiroidismo, la obesidad y la apnea del sueño.

El alcohol merece una mención aparte. Tiene una relación directa y dependiente de la dosis con esta arritmia, tanto que existe un patrón conocido de episodios que aparecen después de un fin de semana de consumo. Reducirlo es una de las medidas que más disminuye la frecuencia de los episodios.

La apnea del sueño es la causa tratable que más se pasa por alto. Si usted ronca fuerte, hace pausas al respirar y se despierta cansado, dígalo: tratarla reduce las recaídas.

Cómo se detecta

Un trazado eléctrico confirma el diagnóstico en segundos cuando la arritmia está presente en ese momento. El problema son las formas paroxísticas, que aparecen y desaparecen.

Para esas, el estudio que responde la pregunta es el holter de ritmo, que registra cada latido durante 24 o 48 horas y permite ver si hay episodios, cuánto duran, a qué frecuencia y en qué momento del día. Cuando los episodios son muy espaciados, existen registradores de mayor duración.

La evaluación se completa con una ecografía del corazón, que muestra el tamaño de las aurículas y el estado de las válvulas, y con análisis de tiroides y función renal, que además condicionan la elección del anticoagulante.

Las dos estrategias de tratamiento

Conviene entender el mapa, porque explica por qué dos pacientes con la misma arritmia reciben indicaciones distintas.

Controlar la frecuencia significa aceptar que el ritmo siga siendo irregular y mantener el pulso en un rango razonable con medicamentos. Es la estrategia habitual en personas mayores, con arritmia de larga evolución, aurículas dilatadas o pocos síntomas. El paciente vive con la arritmia y con la prevención del coágulo.

Recuperar el ritmo normal significa intentar devolver el latido regular. Se hace con medicamentos, con una cardioversión eléctrica programada o con una ablación, que elimina las zonas que disparan la arritmia. Se prefiere en personas más jóvenes, con síntomas marcados, con poco tiempo de evolución o cuando la arritmia deterioró la función del corazón.

Ninguna de las dos estrategias reemplaza la decisión sobre anticoagular. Ese punto genera bastante confusión: recuperar el ritmo normal no borra automáticamente el riesgo de coágulo, y suspender el anticoagulante es una decisión aparte, que se toma con la escala de riesgo en la mano y nunca por cuenta propia.

Qué depende de usted

Aprenda a tomarse el pulso. Un minuto completo, en la muñeca, prestando atención a si el ritmo es regular. Es la forma más simple de detectar un episodio y de saber si el tratamiento está funcionando.

Reduzca el alcohol. Es la intervención con efecto más rápido sobre la frecuencia de los episodios.

Baje de peso si le sobra. La reducción sostenida de peso disminuye las recaídas de forma demostrada.

Trate la apnea del sueño, si la tiene.

No suspenda el anticoagulante por su cuenta, ni siquiera antes de un procedimiento dental. Ese ajuste lo define su médico, y muchos procedimientos se hacen sin suspender nada.

Revise los antiinflamatorios. Los que se toman para el dolor de espalda o de rodilla aumentan el riesgo de sangrado digestivo cuando se combinan con un anticoagulante, y se compran sin receta.

Cuándo consultar sin esperar

Vaya a urgencias si aparece debilidad o pérdida de fuerza en un lado del cuerpo, dificultad para hablar, desviación de la boca o pérdida súbita de visión, que son signos de accidente cerebrovascular. También si hay dolor en el pecho, falta de aire intensa o desmayo.

Consulte pronto si nota el pulso irregular, si los episodios se hacen más frecuentes o largos, o si aparece cansancio nuevo con esfuerzos habituales.

Para saber a qué especialista corresponde su caso y cómo se decide el tratamiento, vea qué médico trata la fibrilación auricular.

Preguntas frecuentes

¿La fibrilación auricular es peligrosa?

Su peligro no está en el momento del episodio, que rara vez es grave, sino en lo que puede ocurrir si no se trata: la formación de un coágulo que viaje al cerebro. Ese riesgo se reduce de forma muy marcada con el tratamiento anticoagulante cuando está indicado. Una fibrilación diagnosticada y tratada tiene un pronóstico muy distinto de una que nadie detectó.

¿Por qué me formularon anticoagulante si me siento bien?

Porque el anticoagulante no trata los síntomas, previene el coágulo. La sensación de bienestar no protege: buena parte de los pacientes que sufren un accidente cerebrovascular por esta arritmia se sentían perfectamente antes. La indicación se calcula con una escala de riesgo, y en quienes la tienen, ese medicamento es lo que más cambia el pronóstico.

¿La fibrilación auricular se quita para siempre?

En algunos casos sí, sobre todo cuando hay una causa reversible como un hipertiroidismo, un consumo importante de alcohol o una cirugía reciente. En otros se logra mantener el ritmo normal con medicamentos o con un procedimiento de ablación. Y en otros se acepta como ritmo permanente y el tratamiento se concentra en la frecuencia y en la prevención del coágulo.

¿Puedo tomar alcohol si tengo fibrilación auricular?

La recomendación es reducirlo al mínimo o suspenderlo. La relación entre alcohol y episodios de esta arritmia es directa y proporcional a la cantidad, y existe un patrón conocido de episodios que siguen a un consumo importante. En pacientes que dejan de beber, la frecuencia de recaídas baja de forma medible.

¿Cómo sé si mi pulso es irregular?

Ponga dos dedos en la cara interna de la muñeca, del lado del pulgar, y cuente durante un minuto completo prestando atención al espaciado entre latidos. En un ritmo normal el intervalo es parejo. En la fibrilación auricular no hay patrón: los latidos se agolpan y aparecen pausas sin lógica. Si nota esa irregularidad, anótelo y consulte.

¿La fibrilación auricular se hereda?

Hay un componente familiar reconocido, sobre todo cuando aparece en personas jóvenes y sin otras enfermedades. Si su padre, madre o hermanos la tuvieron a edad temprana, su probabilidad es mayor y conviene mencionarlo en la consulta. En la mayoría de los casos, sin embargo, pesan más la edad, la presión y los hábitos que la herencia.

Fuentes

  • Sociedad Colombiana de Cardiología y Cirugía Cardiovascular
  • Sociedad Europea de Cardiología, guías de fibrilación auricular
  • Organización Mundial de la Salud, enfermedades cardiovasculares

Revisado por Dr. Daniel Jiménez, cardiólogo clínico e internista. Registro médico REEMPLAZAR-REGISTRO.

Esta información es educativa y no reemplaza la consulta médica. Si le detectaron el pulso irregular, agende una consulta en nuestro consultorio de Belén.

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