Un infarto ocurre cuando una arteria del corazón se tapa y una parte del músculo se queda sin sangre. Ese músculo empieza a morir en minutos, y lo que se pierde no se recupera. Por eso, en esta enfermedad, el tiempo que pasa entre el primer síntoma y la atención define el resto de la vida del paciente.
Qué ocurre adentro
Durante años, las arterias del corazón acumulan placas de colesterol. Mientras esa placa está estable, la sangre pasa alrededor y, si el estrechamiento es importante, produce angina de pecho al hacer esfuerzos.
El infarto es otra cosa. La placa se rompe, el cuerpo interpreta esa ruptura como una herida y forma un coágulo encima para taparla. Ese coágulo ocluye la arteria por completo, y el músculo que dependía de ella deja de recibir sangre.
Eso explica algo que sorprende a mucha gente: un infarto puede ocurrir sobre una placa que no era la más grande, y en una persona que nunca tuvo síntomas antes. La estabilidad de la placa importa tanto como su tamaño.
Las señales
El síntoma principal es un dolor u opresión en el centro del pecho, intenso, que dura más de veinte minutos y no cede con el reposo. Muchos pacientes lo describen como un peso, una banda que aprieta o una sensación de opresión difícil de nombrar.
La irradiación hacia el brazo izquierdo, los dos brazos, el cuello, la mandíbula, la espalda o la boca del estómago.
Los acompañantes, que muchas veces pesan más que el dolor: sudor frío y pegajoso, náuseas o vómito, palidez, falta de aire, sensación de muerte inminente.
Un rasgo que ayuda a distinguirlo: a diferencia de la angina, el infarto no cede al detenerse. Si usted se sienta, descansa y la molestia sigue igual después de veinte minutos, el cuadro cambió de categoría.
Las presentaciones que retrasan la consulta
Una parte importante de los infartos no se parece a la escena clásica, y ese desajuste cuesta horas.
En mujeres predominan la falta de aire, el cansancio extremo de aparición brusca, las náuseas, el dolor en la mandíbula o entre los omóplatos y un malestar general difuso, con menos frecuencia de opresión central.
En personas con diabetes de años, la neuropatía atenúa el dolor. El infarto puede manifestarse solo como falta de aire, sudoración o debilidad repentina.
En adultos mayores predominan la confusión, el desmayo, la falta de aire y las caídas.
Ese conjunto de presentaciones se desarrolla junto con otras causas de molestia torácica en dolor en el pecho.
El tiempo es músculo
Es la frase que resume toda la cardiología de urgencias, y no es una metáfora.
A los treinta minutos de la oclusión ya empieza a morir tejido. A las tres horas el daño es considerable. A las seis, buena parte del músculo dependiente de esa arteria se perdió. Reabrir la arteria en la primera hora salva casi todo; hacerlo a las ocho horas salva mucho menos.
La demora rara vez está en el hospital. Está en el tiempo que pasa entre el primer síntoma y la decisión de pedir ayuda: la persona espera a ver si se le pasa, toma algo para la digestión, avisa a un familiar, busca quién la lleve. Esa hora perdida no se recupera después con ningún tratamiento.
Qué hacer en los primeros minutos
Llame a emergencias. No espere. Es la única decisión que cambia el resultado.
Deténgase y siéntese o recuéstese, con la ropa floja, sin hacer ningún esfuerzo.
No conduzca. Ni usted ni deje que un familiar lo lleve manejando si hay ambulancia disponible: en el traslado pueden aparecer arritmias graves, y la ambulancia lleva equipo para tratarlas.
Tenga a la vista la lista de sus medicamentos y sus estudios previos, si están a mano.
Si la persona pierde el conocimiento y no respira con normalidad, empiece maniobras de reanimación con compresiones en el centro del pecho, fuertes y rápidas, sin interrupciones, hasta que llegue ayuda.
Lo que no conviene hacer: esperar a que pase, tomar remedios para la digestión, buscar información en internet, o pedir una cita para consulta.
Qué pasa en el hospital
El primer paso es un trazado eléctrico, en los primeros minutos, que define si hay una arteria ocluida por completo. A eso se suman análisis de sangre que miden las sustancias que el músculo libera cuando se daña, repetidos a las pocas horas.
Cuando el trazado muestra una oclusión total, el objetivo es abrir esa arteria lo antes posible, habitualmente con un cateterismo que aspira el coágulo y coloca un stent. Cuando ese procedimiento no está disponible a tiempo, se usan medicamentos que disuelven el coágulo.
Estos procedimientos se realizan en instituciones de alta complejidad con sala de hemodinamia. En Cardio Corazón no atendemos la urgencia: hacemos la evaluación previa que la previene y el seguimiento posterior, que es donde se decide si habrá un segundo evento.
Qué queda después
La zona de músculo que se perdió se reemplaza por una cicatriz, que no se contrae. Cuánto pesa eso depende del tamaño del infarto y de qué tan rápido se abrió la arteria.
El ecocardiograma es el estudio que lo cuantifica: muestra qué paredes se mueven menos, cuánta fuerza de bombeo quedó y si hay complicaciones sobre las válvulas o el pericardio. Ese estudio se repite en el seguimiento, porque la función puede mejorar en los meses siguientes.
En muchos casos el corazón compensa bien y la persona recupera una vida normal. En otros, la pérdida es suficiente para dejar una insuficiencia cardíaca que hay que tratar de por vida.
Lo que decide el futuro: que no haya un segundo
Después del alta, el objetivo se invierte. Ya no se trata de salvar músculo, sino de que la enfermedad de las arterias no produzca otro evento.
Eso se logra con cinco cosas, y ninguna es opcional: los antiagregantes, con el esquema y la duración indicados; el control estricto del colesterol, con metas más exigentes que las de una persona sana; el control de la presión y del azúcar; el abandono definitivo del cigarrillo, que es la medida individual con más impacto; y la actividad física regular, idealmente dentro de un programa de rehabilitación cardíaca.
El riesgo de un segundo evento es más alto en el primer año, y es exactamente el período en que más pacientes abandonan el tratamiento porque se sienten bien.
Quiénes tienen más riesgo
La enfermedad que produce el infarto se construye durante décadas, y sus factores son conocidos y en su mayoría modificables.
Pesan el colesterol alto, la presión arterial elevada, la diabetes, el cigarrillo, la obesidad abdominal, el sedentarismo y el estrés sostenido. A eso se suman los que no se pueden cambiar: la edad, el sexo masculino en edades medias, y los antecedentes familiares de infarto temprano.
El cigarrillo merece un párrafo propio porque es el que más rinde al dejarlo. El riesgo empieza a caer en las primeras semanas y sigue bajando durante años. Ninguna pastilla tiene ese efecto.
Y hay un grupo que se estudia poco: las personas jóvenes con infarto. Cuando ocurre antes de los cuarenta y cinco años, conviene buscar causas menos frecuentes, como alteraciones hereditarias del colesterol, consumo de cocaína u otros estimulantes, trastornos de la coagulación o disección de una arteria coronaria, esta última más frecuente en mujeres jóvenes y en el posparto.
Cuándo consultar antes de que ocurra
La mayoría de los infartos no aparecen de la nada. Hay avisos.
Pida una cita si tiene molestias en el pecho con el esfuerzo, si se cansa más de lo habitual, si tiene varios factores de riesgo (presión alta, colesterol alto, diabetes, cigarrillo, obesidad) o si en su familia hubo infartos antes de los cincuenta y cinco años en hombres o de los sesenta y cinco en mujeres.
Vaya a urgencias si el dolor dura más de veinte minutos, no cede al parar, o viene con sudor frío, náuseas o falta de aire.
Para saber a qué especialista corresponde el seguimiento, vea qué médico trata un infarto.
Preguntas frecuentes
¿Cómo distingo un infarto de una crisis de ansiedad?
Con certeza, no se puede distinguir sin un trazado eléctrico, y esa es la respuesta honesta. Orientan hacia el infarto la duración mayor de veinte minutos, el sudor frío, las náuseas, la irradiación al brazo o la mandíbula y la presencia de factores de riesgo. Pero las dos situaciones se parecen y pueden coexistir. Ante la duda, y sobre todo la primera vez, se consulta.
¿Cuánto tiempo hay para llegar al hospital?
Cuanto antes, mejor, sin ningún margen cómodo. El músculo empieza a dañarse a los treinta minutos y el beneficio de abrir la arteria es máximo en la primera hora. A partir de las seis horas buena parte del daño ya está hecho. No existe un plazo seguro: la decisión de llamar se toma en el momento en que usted sospecha, no cuando confirma.
¿Debo tomar aspirina si creo que estoy teniendo un infarto?
No lo decida por su cuenta. El personal de emergencias, por teléfono o al llegar, puede indicárselo si corresponde y si usted no tiene contraindicaciones, que no siempre son evidentes. Lo que sí debe hacer sin dudar es llamar y quedarse quieto. Buscar un medicamento no puede retrasar esa llamada ni un minuto.
¿Se puede tener un infarto sin dolor?
Sí. Se conocen como infartos silenciosos y se descubren después, en un trazado eléctrico o en una imagen del corazón hecha por otro motivo. Son más frecuentes en personas con diabetes de larga evolución, en adultos mayores y en mujeres. Por eso, en esos grupos, síntomas como la falta de aire súbita o el cansancio brusco se evalúan con la misma seriedad que un dolor.
¿Después de un infarto puedo volver a trabajar y hacer vida normal?
En la mayoría de los casos sí, y es el objetivo del tratamiento. El regreso al trabajo, a la actividad física y a la vida sexual se define según el tamaño del infarto, la función que quedó y los resultados de la evaluación posterior. Un programa de rehabilitación cardíaca acorta ese proceso y lo hace más seguro. Pregunte por plazos concretos en su primera consulta después del alta.
¿Un infarto se repite?
Puede repetirse, y el riesgo es más alto durante el primer año. Ese riesgo se reduce de forma muy marcada con el tratamiento sostenido: antiagregantes, control del colesterol, de la presión y del azúcar, abandono del cigarrillo y ejercicio regular. La mayoría de los segundos eventos ocurre en personas que abandonaron parte de ese esquema al sentirse bien.
Fuentes
- Sociedad Colombiana de Cardiología y Cirugía Cardiovascular
- Sociedad Europea de Cardiología, guías de infarto agudo de miocardio
- American Heart Association, signos de alarma del ataque cardíaco
Revisado por Dr. Daniel Jiménez, cardiólogo clínico e internista. Registro médico REEMPLAZAR-REGISTRO.
Esta información es educativa y no reemplaza la consulta médica. Ante un dolor en el pecho que no cede, llame a emergencias. Para evaluar su riesgo antes de que ocurra, agende una consulta.
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