El colesterol alto lo maneja bien su médico general o su internista en la mayoría de los casos. El cardiólogo entra cuando hay enfermedad cardiovascular establecida, cuando el riesgo calculado es alto, cuando las cifras son extremas o cuando no se llega a la meta con el tratamiento habitual.
Lo primero no es la cifra: es el riesgo
Antes de decidir quién trata y con qué, hay que responder otra pregunta: cuál es el riesgo cardiovascular de esta persona.
Ese cálculo combina edad, sexo, presión arterial, perfil de lípidos, diabetes, tabaquismo y antecedentes familiares, y arroja una probabilidad de sufrir un evento en los próximos años. De ese resultado depende todo lo demás: la meta de colesterol, la urgencia del tratamiento y qué tan intensivo debe ser.
Por eso una consulta que solo mira el informe de laboratorio se queda a mitad de camino. El mismo valor puede no requerir tratamiento en una persona y requerirlo de forma decidida en otra.
Quién hace qué
El médico general o el familiar calcula el riesgo, indica los cambios de alimentación y actividad, inicia el tratamiento cuando corresponde y hace los controles. Resuelve la mayoría de los casos, y hacerlo bien acá evita consultas innecesarias.
El internista aporta cuando hay diabetes, obesidad, enfermedad renal, hipotiroidismo o varias enfermedades a la vez que se influyen entre sí.
El cardiólogo entra cuando hay enfermedad cardiovascular establecida, riesgo alto o muy alto, cifras extremas, sospecha de una forma hereditaria, o cuando no se alcanza la meta con el tratamiento habitual. También cuando hay que evaluar si ya existe daño en los órganos.
El endocrinólogo interviene en las alteraciones de los lípidos secundarias a problemas hormonales, en los triglicéridos muy elevados y en algunas formas genéticas complejas.
Nutrición aporta mucho más de lo que suele aprovecharse, sobre todo en triglicéridos altos y en pacientes con sobrepeso.
Ese reparto explica por qué muchas personas nunca ven a un especialista por este motivo, y está bien que así sea. Un colesterol moderadamente elevado, en alguien sin otros factores, bien manejado por su médico de siempre, no necesita una consulta adicional. Lo que sí necesita es que el riesgo se haya calculado y que exista una meta escrita.
Qué se hace en la primera consulta
Se confirma el resultado y se completa el perfil. Un valor aislado alterado se repite antes de tomar decisiones. Se revisa que el perfil incluya el colesterol no HDL, sobre todo si los triglicéridos están altos.
Se descartan causas secundarias. Hipotiroidismo, enfermedad renal, enfermedad hepática, diabetes mal controlada y algunos medicamentos elevan los lípidos. Tratar la causa a veces resuelve el problema.
Se calcula el riesgo y se define la meta, que queda escrita.
Se busca daño ya establecido, según el caso: un estudio del corazón que evalúe función, paredes, aorta y válvulas, y en algunos pacientes una ecografía de carótidas o una medición de presiones en los tobillos. Encontrar placas cambia la meta, porque la persona pasa a tener enfermedad establecida.
Se acuerda el plan, con alimentación, actividad física y, cuando corresponde, medicación, con fecha de control. Ese plan debería salir por escrito, con la cifra objetivo anotada, porque es lo que convierte una indicación general en un tratamiento verificable.
Por qué se controla tan seguido al principio
Porque la meta se alcanza ajustando, y ajustar requiere medir.
Después de iniciar o modificar un tratamiento, el perfil se repite entre cuatro y ocho semanas después. Si no se llegó a la meta, se sube la dosis o se combina con otro fármaco de mecanismo distinto, y se vuelve a medir.
Ese ciclo se repite hasta alcanzar el objetivo. Lo que no funciona, y sin embargo es frecuente, es indicar un tratamiento, repetir el análisis al año y encontrar que nunca se llegó a la meta.
Una vez alcanzada y con el paciente estable, los controles pasan a ser cada seis o doce meses.
El problema real de esta enfermedad
No es el diagnóstico ni el tratamiento: es la permanencia.
El colesterol alto no se siente, el medicamento no alivia nada y el beneficio es un evento que no ocurre. En ese contexto, abandonar el tratamiento es lo más natural del mundo, y ocurre en una proporción alta de pacientes durante el primer año.
Dos cosas ayudan a sostenerlo. La primera es conocer su cifra y su meta, para que el tratamiento tenga un objetivo verificable en lugar de ser una indicación abstracta. La segunda es hablar de los efectos adversos en lugar de suspender en silencio: casi siempre hay una alternativa.
Los errores que más se repiten
Tratar la cifra sin calcular el riesgo. Es el más común. Un LDL de un valor determinado no significa lo mismo en dos personas, y decidir sin el cálculo lleva a medicar de más a unos y de menos a otros.
Quedarse con el colesterol total. Es la cifra que menos informa, y sin embargo es la que la mayoría recuerda de su análisis.
No repetir el perfil después de un ajuste. Sin ese control, nadie sabe si el tratamiento funcionó.
Aceptar "está un poquito alto" como conclusión. No es una conclusión: falta el número objetivo.
Suspender por un efecto adverso sin consultar. Casi siempre hay alternativa, y el abandono silencioso es la causa más frecuente de que una persona bien diagnosticada quede sin tratar.
Repetir el análisis en ayunas de doce horas por costumbre. Para la mayoría de los controles no hace falta, salvo indicación expresa, y esa creencia hace que muchas personas posterguen el examen.
Cuándo consultar con cardiología
- Ya tuvo un infarto, un accidente cerebrovascular, un stent o una cirugía cardíaca
- Le encontraron placas en cualquier arteria
- Tiene diabetes de larga evolución
- El LDL está persistentemente muy alto pese al tratamiento
- Hay antecedentes de infarto antes de los cincuenta y cinco años en la familia
- Aparecen depósitos de grasa en tendones, párpados o el borde de la córnea
- No tolera el tratamiento y lo suspendió
Qué llevar a la cita
- La serie de perfiles de lípidos de los últimos años, y no únicamente el último
- Análisis de función tiroidea, renal, hepática y glicemia
- La lista de medicamentos, incluidos los que suspendió y por qué
- El registro de presión arterial
- Los antecedentes familiares con edades: quién tuvo un evento y a qué edad
- Cualquier estudio vascular o del corazón previo
Los antecedentes familiares con edades exactas cambian la conducta más de lo que la mayoría supone. No es lo mismo un padre que infartó a los ochenta que un hermano que infartó a los cuarenta y seis. El primero es lo esperable con la edad; el segundo es una señal que obliga a estudiar más a fondo y a tratar antes. Pregunte en su familia antes de la cita: nombres, edades y qué les pasó.
Cómo trabajamos en nuestro consultorio de Belén
La consulta se organiza alrededor de dos preguntas: cuál es su riesgo y cuál es su meta. Se calcula el riesgo, se descartan causas secundarias, se evalúa si ya hay daño en los órganos y se define un objetivo numérico por escrito, con el plan de ajustes y la fecha de cada control.
Los dos cardiólogos del centro tienen formación en medicina interna, y en esta consulta esa formación es directamente útil: el colesterol casi nunca viene solo, y la presión, el azúcar, la tiroides y el peso se manejan en la misma cita.
Si todavía está tratando de entender su informe de laboratorio, eso está explicado línea por línea en colesterol alto. Y si le hablaron de placas, en aterosclerosis.
Preguntas frecuentes
¿El colesterol alto lo maneja el médico general o el cardiólogo?
En la mayoría de los casos, el médico general o el internista, y ese seguimiento es adecuado. La consulta cardiológica corresponde cuando ya hay enfermedad cardiovascular establecida, cuando el riesgo calculado es alto, cuando las cifras son extremas o cuando no se alcanza la meta con el tratamiento habitual.
¿Cuándo interviene un endocrinólogo?
Cuando la alteración de los lípidos es secundaria a un problema hormonal, como un hipotiroidismo, cuando los triglicéridos están muy elevados con riesgo de inflamación del páncreas, o en algunas formas genéticas complejas que requieren tratamientos específicos. En esos casos suele trabajar en conjunto con cardiología o medicina interna.
¿Cómo se define mi meta de colesterol?
Con el cálculo del riesgo cardiovascular, que combina edad, sexo, presión, perfil de lípidos, diabetes, tabaquismo y antecedentes familiares, y con la presencia o no de enfermedad ya establecida. Cuanto mayor es el riesgo, más baja es la meta de LDL. Pida que ese número quede escrito en su historia: es el objetivo contra el que se mide todo el tratamiento.
¿Cada cuánto hay que repetir el perfil de lípidos?
Entre cuatro y ocho semanas después de iniciar o ajustar un tratamiento, y ese ciclo se repite hasta alcanzar la meta. Una vez alcanzada y con el paciente estable, cada seis o doce meses. Si el perfil es normal y no hay factores de riesgo, cada cuatro o cinco años alcanza.
¿Qué hago si el medicamento me cayó mal?
Consultar antes de suspenderlo. Los dolores musculares son la queja más frecuente y casi siempre hay alternativas: cambiar la dosis, el horario, la molécula, o combinar con otro fármaco de mecanismo distinto para usar dosis menores. Suspender en silencio deja el riesgo sin tratar por un problema que suele tener solución.
¿Hay que estudiar a mi familia si mi colesterol es muy alto?
Sí, cuando se sospecha una forma hereditaria, que se plantea ante un LDL persistentemente muy elevado, antecedentes familiares de infarto temprano o depósitos de grasa en tendones o párpados. En esos casos conviene evaluar a padres, hermanos e hijos con un análisis sencillo, porque la mitad de los familiares directos puede tener la misma alteración.
Fuentes
- Sociedad Colombiana de Cardiología y Cirugía Cardiovascular
- Sociedad Europea de Cardiología, guías de dislipidemias
- Colegio Médico Colombiano
Revisado por Dra. Virginia Ramos, cardióloga internista y especialista en ecocardiografía clínica. Registro médico REEMPLAZAR-REGISTRO.
Esta información es educativa y no reemplaza la consulta médica. Si nunca le definieron una meta de colesterol, pida una cita y traiga sus análisis de los últimos años.
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