Decir "problema del corazón" es como decir "problema del carro": no dice nada hasta que se sabe qué parte falla. El corazón tiene arterias que lo alimentan, un sistema eléctrico que lo coordina, un músculo que bombea y válvulas que dirigen el flujo. Cada una falla de una manera distinta.
Cinco grupos que ordenan casi todo
Casi cualquier enfermedad cardíaca entra en uno de estos cinco grupos. Ubicar su caso en el grupo correcto es la mitad del camino.
Las arterias que alimentan al corazón
El músculo cardíaco necesita su propia sangre, y la recibe por las arterias coronarias. Cuando se acumulan placas y el flujo se vuelve insuficiente, aparece la enfermedad coronaria.
Su forma crónica es la angina de pecho: una molestia que aparece con el esfuerzo y cede al detenerse. Su forma aguda es el infarto de miocardio, cuando la arteria se ocluye y el músculo empieza a dañarse. El proceso de fondo que las produce a las dos, y que también afecta a las arterias del cerebro y de las piernas, es la aterosclerosis.
El sistema eléctrico
El corazón genera su propio impulso y lo distribuye por un cableado. Cuando ese circuito falla aparecen las arritmias.
Si el corazón va demasiado rápido, taquicardia. Si va demasiado lento, bradicardia, que suele manifestarse con mareo o desmayo. Y si el ritmo se desorganiza por completo, fibrilación auricular, la arritmia sostenida más frecuente y la que más consecuencias tiene a largo plazo.
El músculo y las cámaras
Cuando el músculo pierde fuerza o se vuelve rígido y el corazón no logra bombear lo que el cuerpo necesita, aparece la insuficiencia cardíaca, que se reconoce por la falta de aire y la hinchazón.
Si el problema está en el músculo mismo, se habla de cardiomiopatía. Y si lo que aparece es un corazón agrandado en una radiografía, eso es una cardiomegalia, que no es un diagnóstico sino un hallazgo que hay que aclarar.
Las válvulas y las membranas
Las cuatro válvulas dirigen el flujo en un solo sentido. Cuando se estrechan o dejan de cerrar bien, el médico escucha un soplo en el corazón.
Y la membrana que envuelve al corazón también puede inflamarse: eso es una pericarditis, que produce un dolor de pecho que cambia según la postura.
La presión y la circulación
La hipertensión arterial es la enfermedad cardiovascular más frecuente y la más silenciosa. La hipertensión pulmonar es otra cosa: afecta al circuito que va a los pulmones y se comporta de manera distinta.
El colesterol alto no es una enfermedad del corazón, sino el factor que construye las placas durante décadas. Y en la circulación aparecen la trombosis, cuando se forma un coágulo, y la embolia, cuando ese coágulo viaja y tapa otro vaso.
Del síntoma al grupo
En la práctica, el paciente no llega con un grupo: llega con un síntoma. Esta es la traducción más frecuente.
Dolor u opresión en el pecho. Sobre todo si aparece con el esfuerzo, apunta a las arterias. Si cambia con la postura y la respiración, a la membrana. Las otras causas posibles están en dolor en el pecho.
Falta de aire. Con el esfuerzo y de forma progresiva, apunta al músculo o al circuito pulmonar. De aparición súbita, a una embolia.
Palpitaciones. Al sistema eléctrico.
Mareo o desmayo. Al ritmo, sobre todo si es lento, y a las válvulas cuando ocurre durante el esfuerzo.
Hinchazón de piernas. Al músculo, cuando se acompaña de falta de aire. Si es de una sola pierna, a la circulación venosa.
Cansancio nuevo y desproporcionado. Es el más inespecífico y el que más se subestima. Puede apuntar a casi cualquiera de los cinco grupos.
Las señales que no admiten espera
Llame a emergencias, sin conducir usted mismo, ante cualquiera de estas:
- Dolor en el pecho de más de veinte minutos que no cede con el reposo
- Dolor en el pecho con sudor frío, náuseas, falta de aire o desmayo
- Falta de aire intensa de aparición súbita, o que aparece en reposo
- Pérdida de conocimiento, sobre todo si fue durante un esfuerzo o sin ningún aviso
- Debilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o pérdida súbita de visión
- Una pierna o un brazo que se pone frío, pálido y sin pulso
Y consulte en los días siguientes si nota que le cuesta un esfuerzo que antes hacía sin problema, si las palpitaciones se repiten, si se le hinchan los tobillos o si el pulso es irregular.
Qué responde cada estudio
Una duda frecuente es por qué a una persona le piden un estudio y a otra otro distinto. Cada uno responde una pregunta diferente.
El trazado eléctrico muestra el ritmo y las señales de sufrimiento del músculo en ese momento. El registro prolongado del ritmo captura lo que ocurre durante uno o dos días completos, que es lo que hace falta cuando el síntoma va y viene. La ecografía del corazón muestra la estructura: el tamaño de las cámaras, el grosor de las paredes, la fuerza de bombeo y el estado de las válvulas. Y el monitoreo de la presión durante 24 horas muestra cómo se comporta la presión fuera del consultorio.
En Cardio Corazón hacemos esos cuatro estudios y su interpretación clínica en el mismo lugar.
Ninguno reemplaza a otro, y por eso a veces se piden dos o tres. Un trazado normal no descarta una arritmia que aparece dos veces por semana, y una imagen normal no descarta una molestia que solo surge con el esfuerzo. Cada estudio tiene su pregunta, y el trabajo del cardiólogo es elegir cuál responde la suya.
Cómo se relacionan entre sí
Estos cinco grupos no son compartimentos separados. Entender cómo se encadenan explica por qué en la consulta se pregunta por cosas que parecen no venir al caso.
La presión alta engruesa la pared del corazón, y ese engrosamiento altera la conducción eléctrica y favorece la fibrilación auricular. La misma presión daña las arterias y acelera la formación de placas.
Las placas producen angina y, si se rompen, un infarto. El infarto deja una zona de músculo sin fuerza, y esa zona lleva a la insuficiencia cardíaca y se convierte en un foco de arritmias.
Una válvula enferma sobrecarga las cámaras, las dilata y termina también en insuficiencia cardíaca y en fibrilación auricular. Y una fibrilación auricular favorece la formación de coágulos que pueden viajar al cerebro.
Ese encadenamiento tiene una consecuencia práctica y esperanzadora: intervenir temprano en un eslabón evita varios de los siguientes. Controlar la presión a los cuarenta y cinco años previene mucho más que una sola enfermedad.
Qué se puede prevenir
Buena parte de lo anterior. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo y también la que más responde a la prevención.
Los factores que más pesan son conocidos y en su mayoría modificables: el cigarrillo, la presión alta, el colesterol elevado, la diabetes, la obesidad abdominal y el sedentarismo. Controlarlos no es una recomendación genérica: es lo que cambia el pronóstico.
Y hay dos cosas que no se pueden cambiar pero sí conviene conocer: la edad y los antecedentes familiares. Saber que su padre infartó a los cuarenta y ocho años no modifica su genética, pero sí modifica a qué edad conviene empezar a controlarse y con qué metas.
Cuándo consultar
Pida una cita si tiene alguno de los síntomas descritos, si acumula factores de riesgo, si hay antecedentes familiares de eventos tempranos, o si nunca evaluó su corazón y ya pasó los cuarenta.
Para saber a qué especialista corresponde cada situación, vea qué médico trata los problemas del corazón.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las señales de alerta que no hay que dejar pasar?
Dolor en el pecho que dura más de veinte minutos o que viene con sudor frío, náuseas o falta de aire. Falta de aire intensa y súbita. Desmayo, sobre todo durante un esfuerzo o sin aviso previo. Debilidad en un lado del cuerpo o dificultad para hablar. Y una extremidad que se pone fría, pálida y sin pulso. Todas requieren atención inmediata, no una cita.
¿A qué edad conviene hacerse el primer control del corazón?
Alrededor de los cuarenta años en una persona sin antecedentes, con un cálculo de riesgo, presión, perfil de lípidos y glicemia. Antes si hay antecedentes familiares de infarto temprano, si aparece cualquier síntoma, si va a iniciar un programa de ejercicio intenso, o si tiene presión alta, diabetes u obesidad.
¿Se puede tener una enfermedad del corazón sin síntomas?
Sí, y es lo habitual durante años en varias de ellas. La presión alta y el colesterol elevado son completamente silenciosos. La enfermedad de las arterias puede avanzar sin molestias hasta etapas tardías. Una parte de las fibrilaciones auriculares no se siente. Por eso la evaluación se hace por riesgo y no por síntoma.
¿Qué antecedentes familiares importan de verdad?
Los eventos tempranos: infarto, accidente cerebrovascular o muerte súbita antes de los cincuenta y cinco años en hombres o de los sesenta y cinco en mujeres, en padres o hermanos. También los diagnósticos de enfermedades del músculo cardíaco, las arritmias en personas jóvenes y el colesterol muy alto de origen familiar. Llévelos con nombres y edades a la consulta.
¿Cuáles son las enfermedades del corazón más frecuentes?
La hipertensión arterial encabeza por amplio margen, seguida de la enfermedad de las arterias coronarias, la insuficiencia cardíaca y la fibrilación auricular. Las tres últimas aumentan de forma marcada con la edad, y las cuatro comparten en buena medida los mismos factores de riesgo, lo que explica por qué con frecuencia aparecen juntas en un mismo paciente.
¿Cuánto de todo esto se puede prevenir?
Una parte muy importante. Los grandes estudios poblacionales atribuyen la mayoría de los infartos a factores de riesgo conocidos y modificables: tabaquismo, colesterol, presión, diabetes, obesidad abdominal, sedentarismo, alimentación y estrés. No todo depende de uno, pero el margen de acción es mucho mayor de lo que suele creerse.
Fuentes
- Sociedad Colombiana de Cardiología y Cirugía Cardiovascular
- Organización Mundial de la Salud, enfermedades cardiovasculares
- Sociedad Europea de Cardiología, guías de prevención cardiovascular
Revisado por Dr. Daniel Jiménez, cardiólogo clínico e internista. Registro médico REEMPLAZAR-REGISTRO.
Esta información es educativa y no reemplaza la consulta médica. Si no sabe por dónde empezar, agende una consulta en nuestro consultorio de Belén.
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